Lunes , 21 agosto 2017
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Los orígenes del Belén

La conmemoración del nacimiento de Jesús es el acontecimiento que el cristianismo festeja con mayor énfasis. Para fijar tan importante fecha entre los años 243 – 336 se reúne una asamblea de teólogos que determinaron como día del “Christus Natus” el 25 de diciembre.

El papa Liberio mandó construir en Roma sobre el monte Esquilino, la iglesia llamada Liberiana, en una de las capillas se veneraban cinco astillas del pesebre que, según el Evangelio de San Lucas, fue la primera humilde cuna de Jesús. Todos los 25 de diciembre el papa oficiaba una misa en esta iglesia que pronto fue conocida como Santa María de Pesebre. El acontecimiento de la visita papal en esta fecha afianzó y extendió en el mundo cristiano la celebración de la liturgia de Navidad. Desde entonces todas las artes han producido, a través de los siglos, obras maestras que tienen el nacimiento de Cristo como tema central.

En la noche de Navidad del año 1223 se produjo un acontecimiento que sería decisivo en la historia del pesebre corpóreo, San Francisco de Asís colocó una imagen del niño entre una mula y un buey. Los pastores de los alrededores acudieron al lugar y la escena se convirtió en la primera representación viva del nacimiento de Cristo. La escena evolucionó y dio lugar a la sustitución de los personajes reales por tallas de madera policromada de tamaño natural. Comienza así la representación de lo que hoy llamamos “el belén”.

El primer dato histórico que se conoce es de comienzos del S.XIV, en que el arzobispo de Amalfi, Arnolfo di Cambio, realizó un nacimiento con esculturas policromadas de tamaño natural compuesto por las figuras de la Virgen María, S. José, el Niño, la mula y el buey; a partir de 1520 se incorporaron al conjunto figuras de pastores y ovejas. Destaca la producción de estas figuras en los alrededores de Nápoles que constituye el centro desde el que la representación del nacimiento de Cristo se expande en todas las direcciones.

deEn 1533 S. Cayetano de Thiene sugiere a las monjas la instalación en los conventos de representaciones del nacimiento de Cristo como medio para fomentar su devoción. Aplican sus conocimientos de costura en el abaratamiento de las tallas de los personajes, para lo cual visten con telas y rasos unos maniquíes que sólo tienen talladas y policromadas la cabeza, las manos y las piernas; el resto del cuerpo es un simple armazón de madera.

En Madrid, a comienzos del S. XVIII, Felipe V, mandaba montar en el Palacio del Buen Retiro un pesebre que le había regalado el virrey de Nápoles y que podía ser visitado libremente por el público. La representación del nacimiento de Cristo con figuras de madera talladas a tamaño natural, sólo podía instalarse en las iglesias o palacios, donde recibían la visita de los fieles. Consecuencia inmediata de tal entusiasmo fue el deseo de los ciudadanos de instalar en sus hogares belenes semejantes a los que se exponían en las iglesias. La menor disponibilidad de espacio obligó a reducir las figuras a una medida denominada terzina, de 35 a 45 cm., tamaño que permite grandes posibilidades en los detalles y facilita la instalación de las figuras en los hogares y esta medida fue una de las causas del éxito del belén napolitano.

22Se construyen maniquíes de madera de una terzina de altura, con brazos y piernas articuladas con la cabeza formando una sola pieza con el tronco y vestidos con todo tipo de telas. La gran demanda de piezas obliga a buscar una solución de más fácil ejecución y entre 1715 y 1740 se inventa la cabeza de terracota. La arcilla cocida permite imprimir mayor expresión y morbidez a las carnaciones y matizar, a través del color, detalles relativos a la edad, la raza, etc. difícil de resaltar en madera. La reproducción de las cabezas por moldes permite al pueblo, con unas posibilidades económicas más limitadas, montar su propio belén, a imitación de las clases altas.

 

En el pesebre napolitano las figuras se agrupan siempre en pequeños conjuntos llenos de vida creando escenas tradicionales formando grandes agrupaciones de figuras que se iluminaban con luz natural, abriendo el fondo del decorado sobre jardines o sobre la bahía de Napolés o bien con velas entre las figuras o el paisaje.

23La edad de oro del belén napolitano abarca desde 1725 a 1790. La construcción de estos pesebres parece haber recibido un impulso definitivo a la llegada de España de Carlos III, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio que llegó como virrey de Napolés en 1734 y tras conseguir la victoria de Velletri y consolidar el reino de Napolés y Sicilia pasó a ser monarca reinante. Carlos III monarca de profunda religiosidad, descubrió el encanto de montar en su palacio su propio pesebre. Cuando vino a España como rey trajo en su equipaje tres nacimientos completos. Su hijo Fernando IV de Nápoles quiso conservar la tradición del belén napolitano, pero los distintos avatares que sufrió el reino de las Dos Sicilias hicieron que gran parte del belén de la colección real quedara embalada y olvidada durante siglo y medio.

La plaza del Pilar alberga uno de los mayores belenes de España a tamaño real con una superficie total de 1.500 metros cuadrados, formado por 56 figuras principales, ambientadas en un escenario donde están ubicadas representaciones de diversos animales. En total, son 100 figuras que recrean la tradición. Permanecerá abierto hasta el 6 de enero de 2015 en horario de 11 a 14 y de 16 a 21h.

 

Acerca de Gemma Colás Blasco

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