Viernes , 21 junio 2019
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Zaragoza y el Príncipe Baltasar Carlos: un famosos cuadro y una muerte que cambio el rumbo de la Historia

El 20 de agosto de 1645, el príncipe Baltasar Carlos, hijo primogénito del rey Felipe IV, juraba en la catedral zaragozana como príncipe heredero y sucesor al trono aragonés de su padre. El joven príncipe, tenía tan sólo 16 años, realizó su juramento vestido de riguroso luto pues aún no hacía un año de la muerte de la reina Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV y madre del heredero, el luto que rodeó la ceremonia parecía predecir lo que sucedería en poco más de un año.

Retrato del principe Baltasar Carlos pintado por Juan Martinez del Mazo.

En ese año de 1645, Zaragoza volvió a ser durante unos meses sede de la Corte, ya que Felipe IV y su familia se trasladaron hasta nuestra ciudad para seguir así más de cerca el avance de la guerra que tenían abierta en Cataluña. Aprovechando su estancia en la capital del Reino de Aragón, el rey quiso congraciarse con los aragoneses y para ello organizó la jura de su primogénito como heredero de la Corona Aragonesa.

Este acontecimiento debió de ser vivido con gran interés por su joven protagonista ya que quiso que el momento quedara inmortalizado en un gran lienzo. El que recibió este encargo por parte del hijo de Felipe IV, fue el pintor madrileño Juan Bautista Martínez del Mazo, discípulo aventajado del genio del barroco sevillano, Diego de Velázquez. La relación entre Velázquez y Martínez del Mazo fue muy estrecha, no en vano el madrileño terminó casándose con una hija de su maestro, dicha relación  hizo que durante muchos años se señalara a Velázquez como coautor de la obra que ahora conocemos como VISTA DE ZARAGOZA, aunque los últimos estudios atribuyen el cuadro exclusivamente a la brocha de Martinez del Mazo.

Cuentan que fue el propio príncipe el que explicó directamente al pintor las características que debía de tener el cuadro. Baltasar Carlos, que se alojaba en el monasterio de San Lázaro, situado en la margen izquierda del río, quiso que fuera exactamente la vista que él contemplaba desde la ventana de sus aposentos la que quedara reflejada en el lienzo, y así teniendo como telón de fondo la ciudad, el pintor debía añadir en primer plano la comitiva real que acompañó a Felipe IV y a su heredero hasta la catedral para jurar.

Vista de Zaragoza, Juan Martinez del Mazo, 1647.

Los zaragozanos acogieron con regocijo ese juramento, pues tenían esperanzas en que cuando éste llegara al poder pusiera punto y final a algunos de los problemas que arrastraba el reino desde hacía décadas. El joven príncipe por su parte también parecía mostrar una franca simpatía hacia este reino que anhelaba con ansias su reinado. Pero el vínculo que selló definitivamente la relación entre Baltasar Carlos y la ciudad de Zaragoza fue la mismísima muerte.  El 9 de octubre de 1646, tan sólo 4 días después de que se cumpliera el segundo aniversario de la muerte de su madre la reina Isabel, moría repentinamente en nuestra ciudad el que estaba destinado a ser rey de España y Portugal.

Todas las campanas de Zaragoza “repicaron a muerto” y la ciudad entera participó de los funerales que se organizaron en los diez días que el cadáver permaneció en nuestra ciudad. Para que el cuerpo del príncipe aguantara en condiciones óptimas tan largo velatorio así como su posterior traslado a Madrid, se hizo necesario embalsamar el cuerpo, retirando del mismo todas las vísceras. Todos estos órganos retirados del cadáver de Baltasar Carlos al día siguiente de su muerte fueron enterrados en un lateral del altar mayor de La Seo bajo una lápida que señalaba la naturaleza de los restos que allí descansaban.

Si la muerte no hubiera llamado a Baltasar Carlos tan pronto, la historia de España podría haber sido totalmente distinta de como fue, Carlos II el Hechizado no hubiera heredado el trono y por lo tanto los Borbones no hubieran alcanzado el trono Español ya que la dinastía de los Austrias podría haber continuado reinando. Pero para bien o para mal, el primogénito de Felipe IV murió en Zaragoza y el resto de la historia ya sabemos como fue.

 

Acerca de Ángel Luis Ibarzo Aldea

Ángel Luis Ibarzo Aldea. Colaborador/Redactor en Ocio Urbano Zaragoza en la sección de Historia de Zaragoza. Licenciado en Historia en la Universidad de Zaragoza, con Máster en Historia Contemporánea. Cuatro años de experiencia en el sector turístico, siendo guía del Castillo de Mesones de Isuela. angelluisibarzo@ociourbanozaragoza.es

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