Sábado , 20 enero 2018
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Zaragoza ciudad “Muy Benéfica” por derecho propio, el origen de este curioso título

Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Siempre Heroica, Muy Benéfica e Inmortal; ¡ahí es nada!. Todos estos son los títulos que ostenta de forma oficial Zaragoza, títulos que no son más que un reflejo de la larga y azarosa historia de nuestra ciudad. Lo de noble, leal, heroica e inmortal se da casi por descontado después del conocidísimo comportamiento heroico de los zaragozanos durante la guerra de la  Independencia, quizá por eso el título  más curioso y original sea el de Muy Benéfica. Para en contar el origen de dicho título hay que retroceder hasta el último cuarto del siglo XIX. En el verano de 1885 la ciudad de Zaragoza así como el resto de su provincia, sufrieron un virulento brote de cólera morbo que se cebó cruelmente con la población zaragozana, dejándola sensiblemente diezmada.

escudo zaragoza(Escudo y títulos oficiales de la ciudad)

 El cólera morbo también conocido como cólera asiático es en realidad una infección intestinal que se caracterizaba por provocar unas fuertes diarreas, que hacían que los enfermos que la padecían se deshidrataran rápidamente y terminaran muriendo a consecuencia de esa deshidratación. Parece ser que este nuevo brote de cólera llegó a la parte más occidental de Europa a bordo de un barco que arribó a Marsella procedente de Asia en 1884 y pronto la enfermedad cruzó la frontera. En los primeros días del verano de 1885 se dieron los primeros casos de cólera y en pocos días la enfermedad se extendió rápidamente, así las cosas el 21 de julio las instituciones locales declararon el Estado de Epidemia en la ciudad. La forma más común de contagio del cólera morbo era  a través del agua, ya fuera bebiendo directamente agua que hubiera sido contaminada con las heces de algún enfermo de cólera, o comiendo vegetales crudos que hubieran sido regados con esa misma agua; teniendo esto en cuenta, no es raro que la epidemia fuera tan fuerte en la Zaragoza de finales del siglo XIX, ya que la ciudad y sus alrededores estaban plagados de acequias y riachuelos para el riego de todas las huertas que los rodeaban.

Conscientes de la grave situación los distintos poderes civiles y religiosos de la ciudad: miembros de Ayuntamiento,  del Gobierno Civil, párrocos,etc; así como los profesionales del sector sanitario: médicos, farmacéuticos, profesores, investigadores, etc, unieron esfuerzos y crearon una Junta que eligió como sede un edificio emblemático, el antiguo palacio de la familia Zaporta, más conocido en Zaragoza como la Casa de la Infanta. La Junta se erigió como la encargada de socorrer a los infectados con la comida y los sueros necesarios para su recuperación, así como de intentar frenar la propagación de la enfermedad tomando las medidas higiénicas y profilácticas necesarias. Las autoridades de Zaragoza hicieron hincapié en advertir a la población de la necesidad de tomar una serie de medidas preventivas, como  la de cocer todos los vegetales antes de consumirlos o la de no beber agua de fuentes que hubieran podido ser contaminadas. Los meses de julio y agosto fueron los más virulentos y gracias al buen hacer de los miembros de la Junta ya en septiembre la enfermedad empezó a remitir.

Sobre la virulencia de este brote de cólera hay poco que añadir, las cifras hablan por sí solas. En la provincia de Zaragoza hubo más de 13.500 muertos a causa del cólera, 13.500 bajas en una provincia que por aquellos años superaba por poco los 400.000 habitantes. En reconocimiento a este gran número de víctimas, así como en reconocimiento al comportamiento ejemplar de toda la sociedad zaragozana ante la enfermedad, el 13 de junio de 1886 la Reina viuda María Cristina, concedió a la ciudad el título de Muy Benéfica. Dos años después en 1888 la misma Reina Regente visitó la ciudad y pudo comprobar insitu las huellas del cólera, por ejemplo en el gran número de huérfanos que dejó la enfermedad en toda la provincia.

DFC.

(Detalle de la partida de defunción de una zaragozana victima del colera)

Para no perdernos en la frialdad de las cifras, merece la pena descender a un caso concreto para ser así conscientes de los dramas personales que se esconden tras los datos oficiales en cualquier epidemia de estas dimensiones. Sirva para ello el ejemplo de un anónimo labrador zaragozano que en un par de días perdió a todos los miembros de su familia y se vió preso de la desesperación,  y cuyo caso recogió el periódico La Vanguardia en su edicición del 29 de julio de 1885:

Es curioso lo ocurrido en Zaragoza a un pobre labrador que se vio en dos días sin familia, a consecuencia del cólera, y que perdió después hasta la única caballería de su propiedad. El hombre decidió hacer cuanto era posible para que le diera el cólera. Comió gran  cantidad de frutas y un plato de pepinos en ensalada, y se fue hacia acequia del Rabal , cuyas aguas están infestadas, donde bebió hasta más no poder. Pues bien,  nuestro héroe aguardó el cólera inútilmente. Quejábase de que ni siquiera había logrado purgarse.”

Ironias de la vida, parece ser que este zaragozano a pesar de saltarse todas las recomendaciones de la Junta municipal  bebiendo agua que podia haber estado infectada facilmente así como comiendo vegetales sin cocer, a diferencia de otros muchos paisanos no llegó a  infectarse del virus del colera.

 

Acerca de Ángel Luis Ibarzo Aldea

Ángel Luis Ibarzo Aldea. Colaborador/Redactor en Ocio Urbano Zaragoza en la sección de Historia de Zaragoza. Licenciado en Historia en la Universidad de Zaragoza, con Máster en Historia Contemporánea. Cuatro años de experiencia en el sector turístico, siendo guía del Castillo de Mesones de Isuela. angelluisibarzo@ociourbanozaragoza.es

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