Lunes , 17 diciembre 2018
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Nuestra ciudad, lugar de descanso de ilustres personajes y de anónimos zaragozanos

Dejando a un lado disfraces, calabazas y modas importadas desde el otro lado del océano atlántico, el inicio de noviembre ha sido siempre un tiempo dedicado al recuerdo de aquellos que ya no están. Recuerdo que tradicionalmente se materializó en forma de visitas a los cementerios, de utensilios de limpieza, flores y velas.

 

Aprovechando este clima de recuerdo de los ausentes, rememoraremos a tres personajes íntimamente ligados a la historia de nuestra ciudad. En los tres casos que vamos a recordar, la ciudad de Zaragoza batalló para que fuera su suelo y no otro el que custodiara sus restos, aunque para ello se debiera de someter  a los mismos a todo un periplo póstumo.

El primer ejemplo es el del zaragozano José Palafox y Melci, que todos conocemos por ser el General encargado de liderar la defensa de Zaragoza en la guerra de la Independencia. Palafox no vivió los últimos años de su vida en Zaragoza sino en Madrid, y allí en la capital de España le llegó la muerte un 15 de febrero de 1847.  Por su condición de militar fue enterrado en la madrileña basílica de la Virgen de Atocha, ya que ejercía de capilla castrense para el acuartelamiento que Palafox dirigía. Hasta aquí todo normal, pero unos pocos años después se consideró que el heroísmo de Palafox merecía un mayor reconocimiento y fue trasladado a un nicho del Panteón de Hombres Ilustres de Madrid.

Todo hacía pensar que 55 años después de su muerte, los restos de Palafox habían llegado a su definitiva  morada, pero nada más lejos de la realidad. Palafox reposó 56 años en el Panteón de Hombres Ilustres, hasta que en 1958 y a petición de los zaragozanos, los restos de Palafox fueron exhumados y trasladados a Zaragoza donde el ayuntamiento franquista le organizó un funeral con todos los honores, en el que se dio rienda suelta a todo un repertorio de exaltación nacional-católico. Los restos fueron conducidos a su casa natal, un palacio situado en el Coso Bajo, donde fueron velados durante toda la noche. Al día siguiente se celebró un funeral en la Plaza del Pilar, tras el cual Palafox fue definitivamente enterrado en la Cripta del Pilar, junto a otros aragoneses ilustres como Ramón de Pignatelli. Para aquellos que les interese visitar esta cripta, lugar de descanso de importantes aragoneses, tendrá que hacerlo los  días 1 y 2 de noviembre, los únicos días del año que se abren las grandes trampillas de bronce que dan acceso a este espacio.

El segundo ejemplo es el de la heroína Agustina Zaragoza, más conocida por todos como Agustina de Aragón. Agustina a pesar de no ser zaragozana (era catalana) se convirtió en el símbolo de la resistencia que ejercieron las zaragozanas ante la invasión francesa. Agustina acabó sus días en la ciudad de Ceuta, donde estaba destinado su esposo y allí fue enterrada el 10 de mayo de 1957. Pero desde que se produjo el deceso, la ciudad de Zaragoza reclamó sus restos, finalmente esta reclamación fue escuchada y los restos de Agustina llegaron a Zaragoza en 1870. Aunque en ese momento fue sepultada en el Pilar, al cumplirse el primer centenario de los Sitios, sus despojos fueron trasladados hasta el lugar donde Agustina alcanzó su fama disparando el cañón, es decir a la Iglesia del Portillo donde por el valor simbólico de este espacio, se había habilitado una capilla como panteón de heroínas,  y donde Agustina descansa desde entonces junto a las otras heroínas Manuela Sancho y Casta Álvarez.

El último de los ejemplos es el del pensador aragonés Joaquín Costa. Costa murió hace 101 años en Graus, donde vivía. Se dice que su deseo era ser enterrado en las Forcas, un paraje de Graus, pero en este caso los deseos del finado no fueron atendidos. Cuando se conoció la noticia de la muerte de Costa se iniciaron los trámites para trasladar el cuerpo de Costa hasta Madrid para ocupar una tumba en el Panteón de Hombres Ilustres. Pero a la vez que se hacían estas gestiones para su traslado a Madrid, parte de la sociedad zaragozana liderada por los directivos de Heraldo de Aragón iniciaron una campaña de concienciación dirigida hacia los zaragozanos, para que evitaran que los restos de Costa salieran del suelo aragonés.

Esta campaña dio los frutos esperados ya que cuando los restos de Costa llegaron en tren a Zaragoza camino de Madrid, los zaragozanos ocuparon las vías impidiendo que el tren avanzara. Finalmente se tomó la decisión de que Costa se quedara en Zaragoza, algo que alegró a los monárquicos que tenían miedo de que el entierro de Costa en Madrid propiciara alguna reacción republicana en la sociedad. Así las cosas el cuerpo de Costa fue trasladado al ayuntamiento de la ciudad donde se organizó un velatorio publico, mientras los trabajadores municipales preparaban a toda prisa una tumba en el exterior del cementerio, ya que Costa había dejado claro que no quería descansar en un suelo bendecido por el catolicismo, y en este caso el deseo de Costa sí que fue atendido. Pero como “el hombre propone y la historia dispone”, con los años cuando se hizo necesario ampliar el Cementerio de Torrero, el mausoleo de Costa quedó justo en el centro del nuevo Cementerio.

Pero la ciudad no sólo recuerda y rinde honores a sus hijos ilustres, Zaragoza también dedicó un recuerdo a sus hijos más anónimos, a aquellos que no dejaron ni su nombre escrito en una losa de mármol y que descansan en la fosa común. Para ellos el ayuntamiento mandó colocar un monumento sobre la fosa en el que se puede leer toda una declaración de intenciones igualitarias:

“Vosotros cuyo restos anónimos yacen aquí a quienes hizo iguales la naturaleza humana la rendición divina y la niveladora muerte, no sois olvidados de todos, la ciudad igualitaria porque cristiana  justiciera y piadosa os recuerda os proclama suyos y os encomienda a Dios”

Bonitas palabras, que encierran la triste realidad de que muchas veces tenga que ser “la niveladora muerte” la que consiga la igualdad de los ciudadanos.

 

Acerca de Ángel Luis Ibarzo Aldea

Ángel Luis Ibarzo Aldea. Colaborador/Redactor en Ocio Urbano Zaragoza en la sección de Historia de Zaragoza. Licenciado en Historia en la Universidad de Zaragoza, con Máster en Historia Contemporánea. Cuatro años de experiencia en el sector turístico, siendo guía del Castillo de Mesones de Isuela. angelluisibarzo@ociourbanozaragoza.es

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