Domingo , 18 agosto 2019
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Zaragoza de Benito Pérez Galdós y los billetes de Mil Pesetas

En 1873, mientras España despedía a Amadeo I, el italiano que había sido su rey durante los últimos tres años, y daba la bienvenida por primera vez en su historia a una república, Benito Pérez Galdós, el mejor representante de la novela realista española de finales del siglo XIX y principios del XX, volvía la vista hacia los sucesos acaecidos en nuestro país a principios de siglo y comenzaba la primera serie de lo que luego se conocería como Los Episodios Nacionales.

Como no podía ser de otra manera dada la importancia del suceso, el novelista canario dedicó el sexto libro de esta primera serie a narrar los hechos que vivió nuestra ciudad durante los dos Sitios a los que fue sometida por el ejército napoleónico. Desde la perspectiva de la novela histórica, e introduciendo personajes ficticios, Galdós va narrando los acontecimientos más relevantes de este periodo, utilizando en todo momento los escenarios reales de los mismos y haciendo dialogar a los personajes ficticios de la novela con los principales protagonistas históricos.

Cualquiera que conozca nuestra ciudad,  al leer la novela se podrá introducir sin demasiado esfuerzo en la Zaragoza del momento. Galdós quiso que Gabriel de Araceli, el protagonista de los Episodios Nacionales, llegara a nuestra ciudad justo después del I Sitio, para poder así reflejar en toda su crudeza la destrucción que había sufrido la ciudad. En su afán por situar al lector en los escenarios reales, Galdós relata con toda la crudeza la destrucción del Hospital, o el estado en el que quedo el monasterio de Santa Engracia, etc.

Galdós consiguió plasmar en su novela no sólo los principales sucesos de los Sitios, sino el espíritu de sacrificio y de abnegación en el que se vio imbuida la sociedad zaragozana, y ese espíritu lo resume de un modo magistral en un párrafo que ha quedado para la posteridad:

“Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

La última frase de este párrafo fue la elegida por la Real Casa de la Moneda para figurar en aquellos billetes verdes de mil pesetas en los que aparecía Galdós. Por las manos de todos los españoles pasó la mejor síntesis que se ha hecho del valor zaragozano, valor que hace merecedor a nuestro escudo de una multitud de títulos, entre ellos como no podía ser de otra manera el de inmortal. En los últimos tiempos este grito de valor y de resistencia se recuperó para ser utilizado en este caso en la Romareda, y como sucedió en siglos pasados parece que el grito de resistencia causó una vez más el efecto buscado.

Acerca de Ángel Luis Ibarzo Aldea

Ángel Luis Ibarzo Aldea. Colaborador/Redactor en Ocio Urbano Zaragoza en la sección de Historia de Zaragoza. Licenciado en Historia en la Universidad de Zaragoza, con Máster en Historia Contemporánea. Cuatro años de experiencia en el sector turístico, siendo guía del Castillo de Mesones de Isuela. angelluisibarzo@ociourbanozaragoza.es

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