Sábado , 20 octubre 2018
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Paula Ortiz: “De tu ventana a la mía es un canto a las mujeres que no les dejaron elegir, que vivían en la habitación de atrás”.

A pesar de su juventud, la zaragozana Paula Ortiz se ha convertido en una de las promesas del cine español. Formada en Estados Unidos, esta aragonesa ya cuenta en su haber con una incipiente carrera cinematográfica que poco a poco va creciendo. Directora y escritora de numerosos cortometrajes, que han sido premiados en numerosos festivales, este año ha presentado su primer largometraje que lleva por nombre “De tu ventana a la mía“, que ha cosechado el aplauso del público y de la crítica.

Sí, estamos muy contentos. Hablo siempre en plural porque aunque salgo siempre yo hablando de la película, el cine es arte colectivo y somos muchos los que lo hacemos.  Estamos contentos porque era una apuesta muy arriesgada como película en sí misma, como trabajo y como manera de trabajar y estamos viendo ahora que cuando ha salido a la luz, tanto la crítica, como los festivales, como los académicos y el público la han recibido muy bien.

¿Cómo te sientes al saber que has hecho historia al convertirte en la primera mujer aragonesa que rueda un largometraje? 

De eso no era consciente para nada. Me lo contó Luis Alegre hace tiempo, pero yo no era consciente. De hecho es algo que dices “madre mía”, es muy fuerte en realidad… No por el hecho de ser la primera, sino realmente  porque con la de mujeres que hay en Aragón que se han dedicado al cine, la cultura, la narración o la literatura, que no haya hecho nadie antes una película es algo que da vértigo.

¿Cuándo te diste cuenta que lo que querías hacer era crear historias, dedicarte al mundo audiovisual?

No lo sé. Este tipo de decisiones creo que son naturales y vienen fluidas de un compendio de cosas que te apasionan. A mi toda la vida, desde que era muy pequeña, me ha apasionado la literatura. Me he pasado muchas horas de mi vida leyendo. He pasado más tiempo leyendo que haciendo cualquier otra cosa, y me encantaba contar historias, leer historias… luego descubrí el cine. Las películas, al igual que las novelas o los cuentos, me provocaban un aprendizaje vital, ético… unas aventuras, un conocer mundos, un ensanchar mi manera de vivir y mi manera de pensar de una forma que era lo que más me apasionaba y era lo que yo quería hacer para mí y para los demás. Hay un momento que te das cuenta que lo que más te gusta es contar historias. Escucharlas, leerlas y contarlas tú.

Desde pequeña he hecho pintura y dibujo, teatro, cuentacuentos, escribía cosas, etc. En realidad todo lo que está alrededor del hecho de contar historias. En el instituto, que fue cuando comencé a ver mucho cine y me convertí en una frikie del cine, me di cuenta que me quería dedicar a ello.  No obstante, como no sabía muy bien cómo se hacía eso, estudié en la universidad filología hispánica, precisamente por mi pasión por la literatura y por bucear en las maneras que todos los que habían venido antes que yo, habían contado sus mitos, sus miedos, sus deseos…

Cuando estaba en la universidad, ya comencé a realizar cursos de cine, de operadora de cámara, de guión o de realización. En esa época había hecho ya varios cortos (que habían ido bien y que habían gustado a la gente). Con los cortos aprendes y te vas probando a ti misma: cómo trabajar con los demás, cuáles son los límites del cine, qué es lo que consigues comunicar. Cuando ya acabé la universidad, empecé a estudiar cine y guión.

Parte de tu formación la has realizado en  Estados Unidos. ¿Fue allí donde surgió la idea de realizar la película?

Conseguí una beca de investigación para realizar la tesis doctoral del Ministerio de Investigación y Desarrollo con la Universidad de Zaragoza. La tesis era sobre las teorías norteamericanas de la escritura de guión. Fue allí, al estar estudiando la dimensión teórica de las metodologías de escritura de guión, donde me dijeron que escribiera un guión. Entonces, eché mano de las historias que estaban rondando por mi cabeza para hacer una película, que yo quería hacer, pero que no me acababa de atrever.  El empujón sí que me lo dieron los profesores de allí.

Este éxito no es casual, ya que llevas un largo tiempo (5 años) detrás de este proyecto.

Cualquier proyecto de cine implica mucho tiempo, abarca muchas  fases de trabajo que no tienen nada que ver las unas con las otras. Por ejemplo, la fase de escritura de guión no tiene nada que ver con la pre producción, con el rodaje o, con lo que acabo de vivir ahora, que es la promoción de una película (la distribución, el marketing). Son fases muy diferentes, para las cuales algunas las conoces y te has preparado, pero para otras te pillan fuera de juego y vas aprendiendo sobre la marcha.

A pesar de tu juventud, ya has realizado numerosos trabajos e incluso ya has estado  presente en festivales como Cannes y Berlín. ¿Cómo valoras esa experiencia? 

En Berlín estuvimos con material promocional de la película. Con Fotos de Familia estuvimos en Cannes. Un trabajo que recuerdo con gran cariño. El corto, que lo realizamos sin dinero, que se hizo en cuatro días es uno de los rodajes más bonitos de mi vida. Se podía hacer cine sin sufrir demasiado, porque se sufre mucho hoy. Los rodajes son muy costosos y muy dolorosos, y aquel se realizó en un momento muy difícil, pero a la vez fue muy bonito. Todo el equipo lo realizamos de una manera muy bella, y todo el mundo fue muy generoso.

Foto: Ángel Pascual Gonzalo

Foto: Ángel Pascual Gonzalo

El plantel de la película es impresionante. En ella participan actores y actrices de reconocido prestigio. ¿Fue difícil convencerlos para que se unieran a este proyecto?

La verdad es que no. La gente siempre me lo pregunta y ha sido una de las cosas más fáciles. A todos ellos se les mandó una carta, se les llamó por teléfono y se les dio el guión y después de leerlo todos dijeron que sí. Los actores buscan personajes, y tal y como funciona ahora la televisión, como funciona la insdustria audiovisual, no encuentran personajes mimados, tratados, construidos con cuidado, con delicadeza…   Yo les mandé por ejemplo, con el guión, un libro de estilo que habíamos hecho con fotografías, cuadros, textos poéticos, canciones que estaban construyendo los estados de ánimo de cada personaje. Los actores valoran mucho toda la información que se les da, los anclajes a los que se han de agarrar, ya que van a construir una vida que no existe y  han de generar la ilusión de que existe en realidad. Es muy difícil lo que hacen, por lo que cuanto más cosas les digas (el mimar su personaje) más lo agradecen. Creo que es algo que hicimos, y todos vinieron de manera súper generosa. Ha sido un reparto que han estado desde el principio apoyando el proyecto.

¿Es cierto que las historias de Violeta, Inés y Luisa están inspiradas en los relatos de mujeres que existieron en realidad?

No hay ninguna mujer que sea una mujer real. Ni Violeta, ni Inés, ni Luisa son el reflejo directo de una mujer real. Cada una de ellas, es el trenzado de muchas mujeres, pero sí que es verdad que, por ejemplo, Inés tiene mucho de una mujer que se llamaba Mercedes, que era la madre de un amigo de mi padre, que vivía en La Almunia. También tiene mucho de mujeres que me contaron cómo habían pasado su juventud con su marido preso, cómo habían vivido una maternidad muy dura en la difícil posguerra… mujeres del pueblo de mi madre, madres de amigas de mi madre, maestras que me contaron su vida y todas ellas hacen el compendio de Inés.

En el caso de Violeta, también muchas maestras me hablaron de mujeres como ella. Todas recuerdan aquellas chicas a las que se les escapó la vida por hacerles esperar, chicas a las que les hicieron promesas y no las cumplieron y las dejaron esperando. Es una historia que en el pasado ha ocurrido mucho, mujeres a las que no les han hecho daño físico, pero se les ha marchitado. La historia de Violeta está inspirada en un relato que tenía Carlos Álvarez Novoa, actor que encarna a su tío,  y que estaba a su vez inspirada en Doña Rosita la soltera. Esas mujeres que esperaban y se marchitaban.

La historia de Luisa es un compendio de mujeres de mi familia. Está inspirada en la tía Luisa, una tía abuela que crió a mi madre, a sus hermanos, y luego a mí y a mi hermano. También tiene algo de otra tía abuela mía, la tía Gloria, y de mi abuela.

¿La película es, en definitiva, un homenaje a todas aquellas mujeres a las que se les limitó su libertad?

Es un canto a las mujeres que no les dejaron elegir, que vivían en la habitación de atrás (en la cocina, en el tocador). Las mujeres que, en otras películas, suelen ser la novia del protagonista o la madre del protagonista que están arrinconadas, en la película se las ha traído al primer término para ver cómo respiraban aquellas mujeres y qué vidas tuvieron. Son mujeres que han vivido con mucha dignidad momentos terribles y aún así, han sabido construirse a sí mismas y construir la historia de los de alrededor y la historia social.

A pesar de relatar unas historias desgarradoras, la película es también un canto a la esperanza.

La película es dura. Muchas veces me lo dicen y es verdad, pero es que la vida es dura y la historia ha sido muy dura. Es muy curioso cómo la historia oficial dibuja a las víctimas, los verdugos… Sin embargo, preguntas a estas mujeres, que han estado calladas, que han sufrido mucho, que les han matado a sus amores, y no lo viven como víctimas. Ellas tienen un halo alrededor de dignidad, de humor y de elegancia que va más allá del dramatismo. No son mujeres que se han quedado llorando en casa. Eso era lo que a veces se olvida contar. No se han quedado en casa haciendo solamente la comida, sino que son mujeres que han hecho muchas cosas en su vida y de manera muy sutil, y además con mucha fuerza, con mucha elegancia y mucha dignidad. Han demostrando que incluso en el peor momento se pueden abrir caminos. Es lo que se dice en la película, ¿Quién dijo que todo está perdido?.

La película está cargada de elementos simbólicos (la presencia de la flores o las mariposas es un claro ejemplo).

A mí me gustan mucho los relatos simbólicos, los relatos que se sitúan no directamente en la realidad socio-histórica pragmática real en la que los objetos son lo que son, o las personas son lo que son. Lo que me gusta es el terreno más abstracto y más en la frontera con lo irreal. Cuando cuentas las historias en esos territorios, haces hincapié en la fábula, en el cuento o el mito. Son otro tipo de relatos en el que las cosas no son lo que son, sino que simbolizan otras cosas. Me gusta el cine de  Kieślowski o me gusta Lorca, me gustan esos universos poéticos porque esos objetos se subliman de tal manera que las cosas pasan a significar otras cosas, y eso a mí me atrae muchísimo, me parece que te provoca una vivencia diferente. Estamos muy acostumbrados, sobre todo en la televisión, a que los relatos signifiquen lo que hay, y ¿por qué no intentar contar las historias de tal manera que las cosas tengan más lecturas?.

Si hay algo que destaca en el largometraje es la cuidada fotografía que tiene.

Sí, precisamente por eso. Cuando quieres hacer un relato en el que quieres convertir cada personaje, las emociones, los objetos, la luz o los instantes en algo poético y simbólico, tienes que darle una forma adecuada. Por eso en esta película todo recibió una idealización, una sublimación, un cuidado donde poder respirar tanto metafóricamente como sensorialmente lo que hay: las luces, las texturas o los vestidos. Era muy importante que el vestido de Violeta fuera de una determinada tela para que se moviera de una manera determinada, para que cuando entrara en el agua tomara una determinada forma para tener esa sensación de Violeta en el agua. Si quieres ir contando las cosas en ese tono, ir creando ese universo, hay que cuidar mucho todo lo que aparece en los planos: los colores, las luces, las formas, los objetos, los tonos de las actrices. Pero no es importante no porque sea estético, sino porque esa forma tiene una vivencia emocional y una vivencia ética. Muchas veces se lo decía al equipo, la estética y la ética van muy pegadas. Es muy importante mantener eso allí, porque si no se convertirá en algo frívolo o sin interés.

La música es también un elemento importante en la película. La banda sonora cuenta con la voz de Carmen París. ¿Fue tu idea el incluirla?

Siempre me ha encantado Carmen París. Es una mujer que tiene una voz, que tiene unas raíces y unas alas muy fuertes, tiene algo de la tierra y algo del aire. A mí me encanta, y me encanta ella, su espíritu libre. Admiro la capacidad que tiene, cuando empieza a cantar, de entrar en otras esferas. Desde la primera vez que la oí, era como algo que era mío, como si hubiera encontrado algo que me pertenecía. Cuando estábamos buscando una voz para la película, yo dije “Carmen París”. Se lo propusimos al compositor  Avshalom Caspi, un músico de Tel Aviv, y nada más oírla se quedó impresionado con su voz. El trabajar con Carmen ha sido una de las mejores cosas de la película.

Durante todos estos años no has dejado de lado tu labor académica. Actualmente eres profesora en la Universidad San Jorge, ¿Qué les dices a tus alumnos y a todos esos jóvenes que están empezando?

Bueno, eso deberías preguntárselo a ellos. Les digo lo que pienso, lo que creo. Lo que siempre he enseñado ha sido guión o ahora realización, puesta en escena, dirección y análisis fílmico. En definitiva, todo lo que tiene que ver con la narración en el cine: qué contar y cómo contarlo. Como eso es lo que a mí me apasiona, siempre les digo que eso es lo fundamental. En el sentido de que el mundo audiovisual es un mundo muy complicado que implica grandes inversiones económicas, tecnológicas y humanas.  Hay muchas empresas metidas, muchas corporaciones…, todo se convierte en dinámicas muy complejas que tienes que conocer y ser consciente, debes aprender a trabajar en ellas, saber qué es un trabajo en equipo, pero que lo fundamental es siempre ser honesto con lo que quieres contar y cómo lo quieres contar. Si no hay un trabajo de conciencia, no vale para nada. El otro día leí un artículo de Gustavo Martín Garzo que decía que  con la cantidad de historias que ahora mismo todos leeemos, vemos, escuchamos, (youtube, televisión, periódicos etc), debes saber qué aportas tú, por qué tu relato ha de ser escuchado, qué hacer para que tu relato tenga un significado para alguien. Esa es la clave. No es algo que tenga respuesta, es un ejercicio personal.

¿Cómo ves el panorama cinematográfico aragonés?.¿Hay futuro?

Siempre hay futuro. En Aragón creo que hay muchísima gente muy preparada y muy apasionada por el cine. Siempre hemos sido tierra de cineastas, porque el cine necesita mucha fortaleza y mucha imaginación, y nosotros somos muy fuertes y muy imaginativos.

¿Tienes en la mente ya algún proyecto futuro, una historia que tienes ganas de contar?

Sí, sí que tengo. Creo que no podemos dejar de estar inventando historias. Lo que pasa que es un momento muy difícil para materializarlas y espero que se puedan hacer. De hecho hay una que se puede materializar, e invito desde aquí a los productores a que la lean, porque es una gran historia.

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De tu ventana a la mía- Sinopsis

Inés, Violeta y Luisa. Tres mujeres. Tres épocas. Tres paisajes atronadores. Tres edades de la vida… y un amor que se entreteje como el hilo de un ovillo mágico que rueda de una a otra mientras sueñan tras la ventana. Hasta que un giro inesperado les corta las alas de golpe. Las tres se enfrentan a una encrucijada vital en busca de su amor, su dignidad, su rincón de felicidad… Cuando parece que nada es posible, ellas se repiten: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón…”

CORTOS DE PAULA ORTIZ 

Acerca de Ana Lluch

Ana Lluch Cocorull. Redactora en Ocio Urbano Zaragoza. Licenciada en Periodismo en la Universidad San Jorge. Máster en Marketing Político y Comunicación Política. Algunos trabajos realizados en la Producción, redacción y locución de informativos y programas en Radio Cinco Villas, propiedad de Cadena Ser o en el gabinete de comunicación de en la XXXIII Edición de la Copa del Rey de Balonmano. analluch@ociourbanozaragoza.es

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